¡Cómo pasa el tiempo! Estás meses preparando un espectáculo y de repente por arte de magia el estreno no son 90 minutos, sino un momento, un instante, una imagen grabada a fuego en el cuerpo, no sólo en la boca, la nariz, las orejas sino en todos los poros de mi piel. Los órganos de mi cuerpo sienten se agitan, vibran, vibran hasta explotar en un cúmulo de sensaciones.
Ahora ¿qué hago? No sé, me falta alto, mi cuerpo se empieza a vaciar de estos espasmos y entro en una relajación, en un estar sin estar en mi, en la nada. Quiero irme, irme de aquí y volver al escenario, necesito que se rompan todas las partes de mi cuerpo, no una vez más, sino una y otra y otra y otra, todos los días de mi vida.
Si no es así me volveré loca, loca, y mataré a la gente cotidiana que se junta en mi camino, que sin saberlo, ignorantes de la vida intentan atraparme en ese estado vegetativo que es la nada, no hacer nada, no sentir nada, cotidiano, diario, repetitivo, así es la nada, nada, nada, nada, nada
....
Rita ( ritacebrian@jazzfree.com
) el Miércoles, 16 Noviembre 2005 |